Centro de Interpretacion y Sensibilizacion para la Paz



La UNESCO declaró el periodo 2000/2010 como la Década Mundial para una Cultura de Paz y la No Violencia para los Niños del Mundo. En Albacete se localiza un antiguo refugio antiaéreo que data de 1937, situado en la céntrica Plaza del Altozano, con gran valor histórico para la ciudad.

El Ayuntamiento lo ha convertido en un centro que pone en valor la cultura de la paz y la no violencia conforme a las proclamas del Manifiesto 2000 de la ONU. El resultado son cinco pasillos y 20 hornacinas orientadas a la exposición e información dinámica de la acción de paz.

El Centro de Interpretación y Sensibilización para la Paz, es un espacio desde el cual poder desarrollar un proyecto permanente de sensibilización y educación en valores en torno a la paz, como respuesta municipal al reto planteado por la UNESCO.




La sensación de agobio y opresión que sufrieron los ciudadanos de Albacete en 1937, durante los bombardeos de la Guerra Civil, se ven en la estrechez de los pasillos y en las paredes, con las inscripciones que podéis ver en ellas.





La plaza del Altozano es tan antigua como la propia ciudad, formada en la confluencia diagonal de los conventos, el de San Agustín y el de las Justinianas. Plaza del Progreso o del General Espartero durante el siglo XIX, mantuvo las funciones de centro de la ciudad como el uso administrativo desde la instalación del Ayuntamiento a principios del siglo XX. Fue del “Caudillo” hasta que la libertad llegó por su Paseo cercano retornando al topónimo que popularmente nunca abandonó. Un solar ancestral, cuya única construcción fue a la inversa: excavando.


Por sus condiciones geográficas y de fácil comunicación, entre 1924 y 1929 se crearon en Albacete dos aeródromos, unos militar otro civil. Una urbe bien comunicada por carretera y que disponía de estación ferroviaria desde 1855, siendo la cuarta ciudad española en tener ferrocarril. Estas condiciones en retaguardia, además de ser el centro entre la capital del Estado y el puerto de Valencia y sede de las Brigadas Internacionales, convirtieron a la ciudad en un objetivo estratégico. Tras los bombardeos a Albacete en los primeros días de enero de 1937, la población albaceteña se organizó. Se abrieron zanjas por toda la ciudad, para impedir que el estallido superficial de la metralla alcanzase a los ciudadanos, y túneles en una red viaria subterránea e invisible que comunicaba hogares con barrios enteros. Una tupida malla de supervivencia. Pero la apuesta por la salvación de vidas civiles fue la construcción de refugios.

Según los estudios realizados por Antonio Selva la Comisión de Protección y Refugios de la población civil contra ataques aéreos, realizó más de una docena de refugios antiaéreos públicos, además había particularidades, que podían albergar unas 17.500 personas, aproximadamente un tercio de la población albaceteña de entonces. Albacete, entre julio de l936 y septiembre de 1938, cuantificó una decena de ataques aéreos con 121 víctimas mortales directas. Pero fueron innumerables las veces que los aviones sobrevolaron la ciudad, sembrando el terror sobre la población, atenta a la sirena de advertencia.

El refugio en la Plaza del Altozano, según la hipótesis lanzada por Antonio Selva en sus investigaciones, se construyó quizás aprovechando la facilidad de excavación sobre la antigua cripta del Convento de las Justinianas. Un edificio desamortizado en el siglo XIX y derruido para ampliar la plaza del Altozano.

El enorme dispendio y la necesidad de obtener rápidamente financiación conllevó una acción solidaria de todos los habitantes de la ciudad, contribuyendo con dinero, en especia (materiales de construcción como ladrillos y maderas) o con trabajo voluntario para su construcción. Entre los donativos figuran las aportaciones de los empleados de comercio y los trabajadores de la banca, además de asociaciones políticas y sindicales cercanas al Frente Popular.

Para evitar morir, se entraba a este edificio.

Y en el acceso no se pedía filiación política, ideológica, o de credo. Nadie quedaba excluido. Todos los transeúntes cercanos podían entrar libremente. La preferencia era para niños, mujeres y ancianos.

La esperanza igualaba a todos sus habitantes ocasionales. Afuera el desaliento y la sinrazón, la incomprensión de la guerra en estado puro, desencajaba edificios y rompía vidas. El Refugio Antiaéreo del Altozano paró golpes cáusticos permitiendo proseguir la existencia a miles de albaceteños.
Escrito por Antonio Caulin Martinez
Fotografias de Javier Peralta Medina

Espero que este tipo de documentos, edificios, y centros, sirvan para cerrar heridas, y evitar enfrentamientos, que en ningún modo, se han de volver a repetir...
Seguid este enlace:
http://www.cpazalbacete.org/

Comentarios

gurguik ha dicho que…
a ver si lo he entendido segun la onu en el 2010 podemos matar niños jejejejejeje.

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