El traje popular manchego en Albacete y provincia desde el siglo XVIII, hasta principios del XX



A partir del reinado de Carlos III, dominó una moda típicamente española. Reinando Felipe V, se prohibió el uso de géneros extranjeros con el fin de fomentar el gasto de tejidos y todos tipos de materiales del país. Los encajes y pasamanerías tenían que ser de fábricas del reino, independientemente de la prenda objeto de su destino: basquiñas, jubones, chalecos o calzones, lienzos, etc.

El pueblo gastaba chupas en el hombre, la capa de buen paño, calzones, camisas de lienzos de la casa. Las mujeres jubones o justillos estilizados, junto a basquiñas, guardapiés y refajos, cofia o mantellinas. La viuda, toca, la vieja, manto, la doncella, paño de laberinto, las mujeres artesanas, el paño terciado, para la lugareña, el paño de muselina o viscosa era el corriente, las damas no contentas, inventan grandiosos pañuelos de hombros, que siempre tenían que poner por decoro y buen vestir.
En términos generales, la ropa de la mujer, se componían de justillos, jubones, chambras de interior, de las que solo dejaban ver las finas mangas, los engrosamientos intencionados de caderas mediante profusión de mangas, la acusada estrechez de las figuras, el realce del pecho y amplios escotes, que en labradoras se recataron mediante pañuelos como signo de modestia y honestidad, así como el delantal, que al tiempo que es prenda protectora también se convierte en prenda ornamental imprescindible entre la gente sencilla.
La mujer decente y virtuosa, no osaría jamás dejar los cabellos al aire, por lo que con arreglo a las modas del momento, siempre lucían vistosos recogidos, pasando a formar parte del indumento tradicional el peinado.
En el hombre, vistoso chaleco, calzón de paño fino o de estameña, chupa, la camisa de lienzo de casa, siendo este de uso común para ambos sexos, la mayor parte de las prendas se ajustaban o se ceñían al cuerpo.

Para embellecerse, la mujer se ponía pendientes o arracadas, siendo las más corrientes los aros. Las arracadas solían adornarse de piedras preciosas, espejuelos, piedras de aljófar, azabache o coral. Como complemento del aderezo femenino, aparecen broches, cruces o lazos, de donde cuelgan delicadas obras de orfebrería. También era frecuente utilizar como protección rosarios, relicarios, detentes escapularios de distintas devociones y todo tipo de amuletos colocados sobre las ropas, que con el transcurrir del tiempo quedan ocultos bajo las ropas.
Desde las últimas dos décadas del siglo XVII, y a lo largo del siglo XVIII, la indumentaria popular adquiere su forma definitiva. Tal es así que el atuendo diario de la nobleza y burguesía procura asemejarse al utilizado por el pueblo, aunque empleando materiales más costosos. En términos generales, la ropa del siglo XVIII, se compone en la mujer en jubones y justillos envarados, guardapiés que permiten ver las calzas y zapatos, y la cabeza cubierta.
En el hombre, chaleco y calzón.
El hombre se engalana casi como la mujer, con el correr de las modas se recata en su vestir, pero conserva la cofia en la cabeza, que posteriormente se cubren con pañuelos, sombreros calañés, copino, cacho o de tres picos, sin faltar la montera de pellica.

Es el papa Pio VI quien prohíbe el uso del calzón corto y ajustado en el hombre, por lo que se generaliza el uso del calzón largo. En general se contempla un vestir austero y recatado. En algunos de nuestros pueblos, aún bien entrado el siglo XX, se podían aún ver personas vestidas a la antigua usanza, permaneciendo fiel a las tradiciones.
Complementos

La botonadura tiene en el atuendo popular una gran importancia; podían ser de monedas o de virtuosa orfebrería, con lo que engalanan el atuendo, y que también supone una inversión, ya que en los años de mala cosecha, se podía comercializar con la plata con la que estaban fabricados.
Artículos Religiosos


Tanto el hombre como la mujer portaban objetos de protección. Desde el siglo XVIII, solían llevarse rosarios, escapularios de diferentes advocaciones,

detentes con la representación simbólica del Corazón de Jesús, medallas cinceladas de algún santo y relicarios, pequeñas cajas que en algunos casos contienen restos de algún santo. Conforme avanza el siglo XIX, todos estos objetos pasan a conservarse debajo de las ropas.

Pañuelos

La mantellina

es prenda imprescindible en el vestir de la mujer, prenda muy antigua y de gran tradición. Muchos países consideran que sus mantellinas son de origen español.

Desde el siglo XV, hasta finales del siglo XVIII, la prenda es de forma semicircular, y es partir de 1768, cuando se empiezan a llevar de otras formas.

Medias

A finales del siglo XVIII, la utilización de medias, se vio propiciada por el desarrollo de la industria mediera; corriente es el gasto de algodón.

Las más populares son las tejidas en estambre y según los resto de estambre que se tenían procedentes de otras labores de las casas. Cubrían el pie, llegando hasta la rodilla. Las medias se sujetaban mediante zenogiles, jarreteras, atapiernas o ataderas, y por las ordenanzas gremiales conocemos que tenían que tener cada juego tres varas castellanas y no menos.

La Camisa

La camisa, tanto para el hombre, como para la mujer, es una pieza de ropa interior, y su uso es tanto para de día como de noche. El tejido empleado es el lino en todas sus variedades, empleándose incluso en todas las calidades, en diferentes partes de la prenda. Por lo general, se trata de un tejido de gran producción casera.


Directamente, encima de la camisa, la mujer coloca la enagua, de igual tejido que la camisa, y su longitud varía según el largo del refajo, y el vuelo suele ser de cuatro a cinco varas castellanas.
(La vara castellana medía entre 0.9350 mts, y estaba dividida en dos codos, tres pies o cuatro palmos)

Toda la información aquí presentada ha sido realizada por la Diputación de Albacete, para la exposición ubicada en su stand ferial del año 2009 “Albacete se viste de tradición”), y recopilada por mi. Mas información en el siguiente enlace:






Fotografías De Javier Peralta Medina



















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